El chef y propietario del restaurante Cocinandos de León, uno de los dos estrella Michelin de la ciudad, salió este sábado del hospital con el alta bajo el brazo. Limpio de coronavirus. 

csoriano
31 de Marzo de 2020
Juanjo Pérez deja atrás once días “muy duros”, donde ha lidiado con 39 grados de fiebre ininterrumpida y “dolores musculares horribles”. Con once kilos menos de peso, y contento porque tanto su familia (su mujer, Yolanda León-también chef del restaurante- y sus hijos) como su equipo no lo han cogido, encara ahora la nueva faceta de esta crisis, la económica. Aquí deja su historia:
“Me contagié en Madrid la primera semana de marzo, cuando estuve con mi padre en el hospital donde le están tratando de cáncer linfático. Fue allí, seguro, porque mi padre dio después positivo y, tras él, todos los que estuvimos cuidándole: mi madre, mi hermana, mi cuñado, mi tío y yo. Evidentemente, en esa semana, y sin saber que mi padre tenía coronavirus, nadie estaba protegido, ni sabíamos a donde iba a llegar todo esto”.
“Dejé a mi padre bien tratado el 5 de marzo, y me volví para León, empezando con la fiebre el viernes 13, ocho días después de dejar Madrid, dos días antes de que mandaran cerrar todos los restaurantes. Por precaución, y por tener cuidado de mi equipo, claro, esos dos días últimos de servicio no fui a trabajar. Tras pasar el fin de semana con mucha fiebre decidí ir al hospital. Allí me dicen que estoy bien y que me vaya para casa. No me hicieron prueba alguna. Con muchas dudas, y fiebre, retorné a casa”.
“Cuatro días más con 39 de fiebre metido en mi habitación, aislado de mi familia y hecho polvo, y vuelvo al hospital. Entonces sí que me hicieron una placa y me confirmaron el positivo. Tenía coronavirus. Llevaba seis días con 39 de fiebre y dolores musculares. Ya ingresado -estuve siete días-, me trataron con pastillas para la malaria y, poco a poco, fue bajando la fiebre y me fui sintiendo mejor. Aunque los primeros días estaba reventado. No tuve tos en ningún momento pero sí unos dolores musculares horribles, con pinchazos en los pulmones y mucha fiebre. Pero yo podía respirar bien. En ningún caso me pusieron respirador”.
“Al final, me dieron el alta el sábado y volví para casa. He dado negativo, estoy limpio, no tendría por qué contagiar pero, por si acaso, porque hay mucha desinformación, sigo semi aislado en una habitación de mi casa, sin compartir mucho espacio con Yolanda y los niños, y utilizo mascarilla y guantes al salir a la calle. Sigo teniendo pinchazos en el pulmón, pero estoy bien. Comentan que hasta un mes, mes y medio, no se te acaban de limpiar bien los pulmones”. Ahora, respira con once kilos perdidos: “He pasado mucho miedo durante todo el proceso. Por mi padre, por Yolanda y los niños, por mí, por mi equipo, quienes por cierto han cumplido la cuarentena sin mostrar síntomas, así que no se han hecho la prueba. Solo te la hacen si tienes los pulmones tocados. Si no, nada”.
Hemos dejado la historia de su padre, pero no suframos. “Tiene 73 años y estaba enfermo de cáncer pero es el que mejor lo ha pasado gracias a todos los antibióticos que estaba tomando porque la última sesión de quimioterapia le había podido y tenía lesiones. ‘Gracias’ a ello, estaba tomando antibióticos y ni se ha enterado que ha estado infectado. Ahora le han parado la quimioterapia por todo lo que está pasando pero está bien”.
Subir el número de infectados; bajar el número de muertos
Serenamente, amplía con conclusiones: “Este virus en un enigma. Lo que he podido comprobar y ver es que a cada paciente le afecta de una manera diferente, por lo que en cierta medida entiendo el desconcierto actual. Mi suegro, un señor que pese a sus 78 años está fuerte y camina cada día seis kilómetros, un día se levantó y no andaba ni hablaba, solo sonreía. Su mujer se preocupó y se lo llevó a Urgencias, donde ya no conocía ni a sus hijas. Le dio un colapso. Con esos síntomas, no se habían planteado que fuera coronavirus, por lo que estaba con mi mujer y mi suegra. Cuando entró en colapso, se puso morado y le reanimaron. Después le hicieron la prueba y dio positivos en coronavirus. Es increíble. A cada uno le sale de una manera”.
“Por eso, entiendo, están muriendo las personas mayores. Porque el coronavirus provoca un colapso que, si no tienes a nadie al lado, te mata en tres o cuatro horas. Y es un problema. Los pacientes de coronavirus, y yo lo he estado, estamos solos en una habitación muchas horas, por lo que si te da un colapso de pulmones, ahí te quedas. Si dejasen entrar a un familiar directo a cuidar al enfermo, subiría seguro el número de infectados pero bajaría el número de muertos”.
“Los bares lo pueden pasar mal”
Son reflexiones de uno de los españoles que ha superado la enfermedad (a fecha 30 de marzo, hay contabilizados en España 94.417 casos totales, de los que se han recuperado 19.259 y han muerto 8.189), por lo que su voz se escucha. También a nivel gremial: Cocinandos ganó metros (de 100 a 800m2) cambiando hace año y medio a la Casa del Peregrino, un palacete del siglo XVIII anexo a la iglesia de San Marcos, en pleno centro de la ciudad. “Íbamos como motos y ahora todo se ha frenado. Hemos planteado un ERTE para los 16 trabajadores y, como autónomos, esperamos más ayudas y paralizaciones de pagos y cobros para seguir adelante. Lo que nos pesa son los dos préstamos potentes que tenemos de cuando abrimos el restaurante”.
“Será difícil pero, para el día de mañana, imaginación al poder. Tenemos que reinventarnos como hemos hecho siempre, crear algo atractivo. Soy consciente de que nosotros tenemos un punto a favor cuando se vuelva a abrir, que es nuestra sala: es muy amplia, con espacio para permitir mucha separación entre mesas, algo que se pedirá. Entiendo que, al principio, lo pasarán mal en el barrio Húmedo de León, en la calle Laurel, en los bares”. Percepción compartida, pero luz al final del túnel: “No vamos a dejar de ir a los bares pero vamos a ir entrando muy despacito. Vamos a cambiar, por lo menos hasta que veamos de verdad que no hay más contagios”.
David Salvador