Joan Roca

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octubre 3, 2018
Joan Roca, el primero El doctor Rosellón sonrió a la parturienta, a la señora de Roca, y le dijo con ternura: “Amiga mía, ha tenido usted un cocinero”. Fue una profecía con algo de trampa. Rosellón conocía la casa de comidas de su paciente y lo lógico era que aquel niño gritón de cuatro kilos siguiera la tradición familiar. Joan Roca quiso ser bombero, taxidermista y encuadernador, pero a los nueve años reunió a la familia y dijo solemnemente: ‘Papá, quiero ser cocinero’. Y como sabe todo el universo culinario Joan es uno de los mejores del mundo. Su currículo no cabe en una corta columna de 2000 caracteres; para hacer una extensa relación de sus galardones necesitaríamos varios folios. Tiene todas las estrellas y soles que otros persiguen y que él, en compañía de su prole, ha conseguido sin moverse de su ciudad natal en una vida apasionante y divertida. A mi amigo Joan Roca se le pasan las horas muertas metido en su cocina-laboratorio; se abstrae mientras inventa recetas y descubre sabores desconocidos y, a veces, levita y sus hermanos tienen que bajarle del techo como hacían las monjitas del Carmelo con Santa Teresa. Incorpora a su cocina el sentido del humor, además de la sorpresa y la mesura; juega con los recetarios vetustos de su Cataluña del alma y modifica lo tradicional con incrustaciones novedosas. No conozco a nadie que haya salido descontento de su restaurante y si hay alguno que levante el dedo y lo diga ahora o calle para siempre. ¿Que cómo es en la distancia corta? Un señor cordial, simpático, sencillo, pero serio. Y sobre todo sabe escuchar. Una sonrisa amable se asoma a sus labios y trasciende confianza y cercanía. Es un genio de los fogones que no necesita ser estrambótico; el ego, tan presente en el mundo cocineril, no se le ha subido a la cabeza. Joan viaja ligero de equipaje. La vanidad no le acompaña cuando dicta una conferencia, recibe los máximos honores de una Universidad o cruza el charco para asombrar a los comensales más diversos. El firmante se quita el sombrero para presentar a un personaje que no necesita presentación. por José Manuel Vilabella.