José Andrés

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octubre 3, 2018

Pocos días antes de comenzar a escribir esta breve reseña biográfica, en el bloque  internacional de los informativos de varias cadenas de televisión nacionales aparecía Hillary Clinton sobre un escenario junto a un cocinero español: José Andrés. Le agradecía ante el mundo la valentía mostrada en defensa de los hispanos de Estados Unidos frente al más sombrío de los posibles candidatos republicanos a gobernar la primera potencia del mundo. Ella, que también aspira a ese cargo, despedía su intervención pidiéndole, por favor, que continuase siendo un referente moral en los Estados Unidos y sirviendo esos maravillosos cócteles Margarita que la tienen enamorada.

No mucho antes, Jeff Bezos, presidente de Amazon, hacía saber al mundo que su combinado predilecto es el gin tonic que se sirve en  Barmini, anexo coctelero de Minibar, el más selecto, avanzado y sofisticado de los restaurantes de José Andrés. El mismo que hace un par de años escogían los Obama para celebrar su aniversario de boda.

José Andrés es un icono en los Estados Unidos y el cocinero predilecto de muchas de las celebrities norteamericanas, lo que equivale a decir globales. Es propietario de Thinkfood Group, un entramado empresarial con más de mil empleados que engloba una veintena de restaurantes y empresas gastronómicas entre las que se incluye su propia línea de productos artesanales españoles, servicios de catering e incluso una food truck llamada Pepe especializada en bocatas.

Es un asturiano universal de Mieres criado en Barcelona, pero es también, ante todo y sobre todo, un hombre comprometido con su tiempo y con la cocina, tan capaz de convertirse en el principal impulsor de Central Kitchen, un comedor social que da de comer diariamente a miles de personas en los barrios bajos de Washington, como de gestionar de forma directa el restaurante que más lejos ha llevado la proyección internacional de la cocina de vanguardia española en el mundo.

Porque eso es Minibar. Y aquí retornamos a lo que nos afecta, al cocinero. Minibar es más que un restaurante. Se trata de un espacio dedicado a la experimentación culinaria más avanzada del que apenas pueden disfrutar cada noche un selecto grupo de comensales ante quienes se despliega de forma casi íntima, extremadamente exclusiva, todo un repertorio de creaciones sorprendentes. El arte y la ciencia en la cocina, la imaginación y la destreza, la tradición –sí, también- y la técnica.

Se trata de un laboratorio de ideas de donde emergen creaciones asombrosas, experiencias, según relata el propio José Andrés, capaces de hacer plantearse al comensal todo aquello que consideraba que sabía acerca de hasta dónde puede llegar la cocina.

Sabor, sofisticación, magia. José Andrés fue un día discípulo de Adrià en elBulli. Hoy es probablemente el mejor embajador en el mundo de nuestra cocina y de aquella idea que un día representó el restaurante de Roses: la creatividad es el eje fundamental sobre el que podemos construir el discurso que la proyecte la cocina española hacia el mundo.

Un detalle más. Cuando hablábamos de todos esos personajes importantes que recuerdan su paso por Minibar como una experiencia imborrable, veíamos que hablaban de cócteles. Que nadie se extrañe. Minibar posee una cara B, como los singles de los discos de vinilo. Se llama Barmini y es la versión mixológica de lo que Minibar representa en cocina. Un espacio donde la coctelería artesanal se revisita  descubriendo nuevas posibilidades y hallazgos cada noche. Un complemento esencial de Minibar. Una factoría de ideas y sensaciones líquidas. Un mundo de sabores donde todo es posible. E inolvidable.

Por Miguel Ángel Rincón

 

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