Susi Díaz

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octubre 3, 2018

la popularidad y el prestigio 

Antes de que la televisión la convirtiera en una estrella mediática, Susi Díaz ya era un astro del firmamento gastronómico. La pequeña pantalla le ha dado popularidad. Prestigio, ya lo tenía La Finca, con su elegante decoración en un suntuoso chalet, su delicioso jardín para las cenas estivales, su cuidada puesta en escena —liderada por José Mª García, esposo de Susi— y su cocina, protagonizada por los pescados y mariscos de la cercana Santa Pola o las frutas y verduras del entorno. Lo más emblemático son las hierbas y los cítricos de su propio huerto y los dátiles o la granada de Elche. La técnica filtra las tendencias gastronómicas y estéticas a través de una sensibilidad muy particular: colorido y elegancia, aroma y sabor, equilibrio y contraste… Lo resume su libro ‘Sentidos’ (Everest, 2012), donde Paco Torreblanca —amigo y mentor de una cocinera que se ha hecho a sí misma— dice que tiene “la cabeza en las estrellas y los pies en el suelo”.

El 28 de diciembre de 1984, Susi Díaz y José Mª García inauguraron La Finca en un chalet del Campo de Elche. Él venía de la hostelería y, después de regentar negocios más modestos, decidió abordar un proyecto ambicioso. Once años más tarde, ella se puso al frente de los fogones con el aval culinario de sus abuelas: Francisca —panadera— y Lola: “la mejor cocinera” que Susi dice haber conocido. Tras la reforma de 2002, que consistió en tirarlo casi todo y volverlo a levantar —la cocina, la terraza, el comedor, la bodega—, llegaron en 2006 la estrella Michelin y la consolidación de un restaurante que reinterpreta la tradición culinaria en clave contemporánea y personal. Absolutamente actuales en cuanto a estética y ejecución, sus platos evocan la cocina doméstica —esencialmente femenina— en cuanto a materias primas, aromas y sabores, tanto en la sencillez de un producto excelso apenas manipulado como en la sofisticación de algunas combinaciones o en la actualización de los guisos de la abuela.

La arquitectura interior, a base de piedra y madera, conjuga rusticidad y modernidad como la propia filosofía culinaria de Susi Díaz. La materia prima y la sensibilidad son sus señas de identidad en un contexto de comedido vanguardismo: sofisticadas técnicas que no se imponen a la identidad del producto, riesgos sin temeridad, colorido sin menoscabo de la elegancia, un personal gusto por los juegos de texturas…

La Finca está en la élite de la gastronomía española tras una evolución paralela a la de su clientela y a la de la propia familia. No necesitaba a Top Chef —que ha cumplido su tercera temporada, con Susi Díaz desde la primera—, aunque la fama compensó los efectos de la crisis y le ha permitido crecer en el peor momento. Si, para muchos, la tele hizo a Susi Díaz, ella ha acabado haciendo suya a la tele. Al principio tuvo que hacer de mala y dar una imagen distinta a la que conocía el gourmet: accesible, profesional, coqueta, con la seguridad del funambulista que tiene debajo una red tan tupida como la que representa su familia. Susi Díaz es más que una cocinera e incluso más que una marca.

Además de su marido y de su hija Irene, Chema García Díaz está a tope en ello. De formación y mentalidad empresarial, choca que no piense en la expansión: ni segundos restaurantes en lugares concurridos, ni asesoramientos, ni gastrobares… “Ellos [sus padres] son felices así”. Tras el relumbrón televisivo de la cocinera o tras el éxito del restaurante, hay una familia que transmite armonía, sensibilidad y cohesión. Como los platos de La Finca.

Por Lluís Ruiz Soler

 

 

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