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Los que se apellidan Pérez revolucionan el mundo del vino

Una reunión de distintos enólogos con el mismo apellido mostró la diversidad de los caldos españoles de los nuevos tiempos
Una inusual cata reunió a varios Pérez que, aunque con el mismo apellido, no eran parientes, pero sí amigos, unidos por sus experiencias alrededor del vino. Enólogos de distintos puntos de España, de las Canarias a Cataluña, tenían que respetar una sola condición: debían hablar del vino de los demás y no del suyo, mientras compartían cuatro botellas de variado estilo y añada. “En la revolución que está pasando en el vino en España, todos son Pérez”, presentó medio en broma medio en serio Benjamín Lana, director de Madrid Fusión. “Ellos tienen que ser un movimiento, una actitud, una reivindicación de prácticas”. Y así, este martes, nacía ese “movimiento” llamado “perezismo”, siempre entre el buen humor que desentumece un buen caldo, con un manifiesto que se leería al final del cónclave. Pero antes tocaba hablar de vinos.
El primero llegaba de la bodega Ignios de Canarias. Producto de la uva vijariego negro cuidada por Raúl Pérez, recibió elogios de los otros ‘pérez’. “El vino canario es una categoría absoluta en el mundo, que no existía. Han desarrollado una serie de aromas que no conocíamos”, definió Willy Pérez, enólogo de Bodegas Luis Pérez, de Jérez de la Frontera, que habló también de la vieja ruta de los andaluces hacia América, en la que paraban en las islas atlánticas y dejaban variedades de uvas. “Son más ácidos, me hacen llorar. Tienen una reducción muy bonita y un punto precioso”. “Es una sensación atlántica”, mantuvo Sara Pérez, de Mas Martinet & Venus Universal.
Siguió otro tinto, del Priorat. Els Escurçons de 2023, de las bodegas de la familia Pérez i Ovejero, dirigida por Sara Pérez, con la variedad de garnacha negra, plantada en 2006. Otro Pérez, Raúl, contó una anécdota de Sara: coincidieron en un restaurante, él le retó a una cata a ciegas de una botella de vino, “a ella le encantó”, dice. “Era el suyo”. “Cuando llegó parecía que tenía la bodega hecha, pero no”, contó Willy Pérez. “Todos ellos han vivido el cambio de los vinos de concentración a los de suavidad. Son los pioneros. La 'livianez', los más elegantes, sobre todo en el Mediterráneo era lo que se quería beber. Pero el descubrimiento de estos nuevos vinos ha sido gracias a ellos. Por ejemplo, Raúl hizo todo lo contrario a lo que se enseñaba y no oxigenó sus vinos”.
Luego se cató un vino de altura, denominación Bierzo, el Viariz. “Nosotros queremos ser representativos, no típicos. Tipicidad es una palabra fea”, dijo Raúl Pérez. Prosiguió la cata con la sorpresa de la jornada, un vino de pasto blanco de El Álamo, que surge de una “tierra que se quiebra porque no tiene suficiente arcilla”, en los predios de Bodegas la Riva Macharnudo. “Al principio no los entendí”, confesó Raúl Pérez. “Cuando los probé la primera vez dije que no creía que fueran interesantes, y después de quince años, en una feria, me dieron a probar algo que me fascinó. Era ese vino que no había entendido”.
Concluye Willy Pérez: “Se tiene poco en cuenta el estilo. Enseñan técnica pero no por qué hacemos lo que hacemos: abrir caminos, cambiar el estilo de tu zona. Aunque influimos en una generación entera y sería una pesadilla que todos ellos hicieran lo que hacemos nosotros. Ellos tienen que abrir también sus caminos”.
Para finalizar, en el mismo tono que comenzó, Lana leyó el “manifiesto del perezismo”, que tiene mandamientos como “menos solemnidad y más verdad”, “recuperar no es retroceder” o “el perzismo no es una escuela”. Al finalizar, se procedió a firmar el documento.










