La escritura está admitida como actividad terapéutica desde hace siglos. Yo la reivindico de nuevo. Lo de grabarse un vídeo con el teléfono es mucho más exitoso, pero no relaja igual. A todo el mundo le da por convertirse en protagonista digital de su propia vida y en nuestra tribu cocineril, por imitar a Elena Santonja, aunque sean figuras del Star System mundial.

csoriano
27 de Marzo de 2020

Al parecer todos o casi todos llevábamos dentro un James Stewart sin saberlo y queremos un papel de protagonista en la peli. Traigo al americano porque todo esto, si no fuera por lo doloroso y lo impredecible de su macabro conteo de muertos, daría para hacer una nueva versión de ‘La ventana indiscreta’, con todos encerrados en vez de con uno solo. En este momento hay muchos aprendices de Alfred Hitchcock ‘arrestados’ en sus casas escribiendo guiones sobre lo que ha de venir.

Llevo días observando cómo mi vecino mira insistentemente por el balcón hacia el bloque de enfrente. ¿A quién estará viendo? ¿Qué estará pasando en la intimidad, en la vida interior de todos nosotros? cuando no cocinamos o nos grabamos en vídeo, claro. Tal ha sido la parálisis colectiva y el miedo que aún no hay plataforma que haya emitido una serie en tiempo real sobre lo que nos está pasando. Bastante tenemos con la realidad para recrearla en la ficción, se dirá. Es un miedo a lo desconocido, como se tuvo por siglos. Nuestra generación creía saberlo todo, y mira. Cura de humildad histórica.

Mientras la ciencia y miles de guerreros anónimos, ocultos tras mascarillas y enfundados en uniformes verdes, luchan denodadamente por salvarnos, leo por ahí a algún desalmado afirmar que es la naturaleza la que se está defendiendo de nosotros, los humanos, para salvar al planeta y que han bajado los niveles de contaminación en Madrid. Terrible. Como para ponerse a pensar.

Tiempo de reflexión

Curiosamente, es lo más útil que podríamos hacer en estas circunstancias, pensar en cómo tendrá que ser el futuro, en cómo deberemos cambiar para vivir en un mundo nuevo. Pensar más. Aceptar el tiempo de reflexión que nos ha sido impuesto. La globalización, sobre todo, era esto.

Leía ayer a uno de esos expertos estadounidenses decir que en su país pueden cerrar hasta el 75% de los restaurantes si esto dura demasiado. Nosotros, por primera vez en mucho tiempo, no sabemos. Ni la inteligencia artificial lo puede todo estos días. Desconocemos qué va a pasar con los restaurantes y cómo tendrán que ser los que sobrevivan cuando vuelvan a abrir. Nuestra capacidad de contextualizar las cifras se ha quedado desactualizada. Hace un mes diez muertos era una catástrofe. Hoy sumamos más de 600 en un día y seguimos.

¿Cómo será España sin turismo extranjero? En la crisis de 2008 teníamos el ladrillo y el turismo. En este momento no nos queda ninguno de los dos. La primera industria nacional, la de dar de comer y de dormir, cerrada. Si no hay turistas ingleses o alemanes tendremos que volver al turismo nacional, dicen. Y eso ¿cómo se hace? Suena a veraneo de los 60, con vecinos de apartamento de toda la vida, poco gasto más allá de lo imprescindible y mucha playa

Es más fácil imaginar un país con fútbol sin espectadores en el campo. George Lucas regalará el software para que los estadios se vean llenos de aficionados de cualquier planeta de la galaxia. En realidad, eso ya pasaba. Pero un año o dos sin guiris… ¿quién lo ha conocido?

«Replantear el sector». Hasta ahí, fácil, lo que dice todo el mundo. Y en qué se concreta. Por primera vez, Ferran Adrià, que vuelve a la cocina, dice que «es imposible dar una receta». O sí. Por primera vez en mucho tiempo no habla solo de innovar, sino de volver a la cultura del esfuerzo, la que recibimos en herencia, pero pensamos que era para los tiempos en blanco y negro.

Cuidar al cliente

¿Y de lo nuestro qué? Paradójicamente, más cocina de mercado. Trabajar de nuevo con los productos más baratos, los de temporada, y con menos equipo humano incluso en las casas grandes. Cocina más directa, como antaño. Cartas cortas y ágiles, como las cañas de pescar en los cauces pequeños y tupidos. Menos angulas y menos caviar, hablando de ríos. Precios que animen a visitar de nuevo la misma casa, amabilidad extrema, restaurantes que acojan, lugares en donde no solo se ofrezca comida sino cercanía y atenciones, todos volvemos siempre a los restaurantes que mejor nos cuidan, no a los de cocina más sideral.

Las grandes ideas que nos iban a regir: sostenibilidad, territorio, identidad… van a quedar flotando como galletas maría en las natillas de la abuela ante el peso de la primitiva preocupación por subsistir. Quién sabe. Quizás, al principio, se acabe imponiendo una idea muy antigua. Menos relato y más plato.

PD. Disculpen si les he dejado preocupados con tantas preguntas y tan pocas respuestas. La escritura otra vez me funcionó como terapia. Felices pensamientos. Volveremos reposados, como el tequila, la semana que viene.